Actividades de lectura.
El guiso fantasmagórico
Relato de la mítica invención de los marcadores radiactivos
George de Hevesy ganó el premio Nobel de química en
1943, por su utilización de los radioisótopos (elementos
radiactivos) en el estudio de los procesos químicos, y el premio
Átomos para la Paz en 1959, por sus contribuciones al empleo
pacífico de las radiaciones.
En un libro autobiográfico, de Hevesy contó el origen de su
más importante invención: los llamados marcadores radiactivos,
de gran utilidad para la ciencia actual. Esta brillante utilización
de la radiactividad aparentemente surgió como solución a un
enigma doméstico, a principios del siglo XX.
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El guiso fantasmagórico
Relato de la mítica invención de los marcadores radiactivos
Agustín Adúriz-Bravo
En una pensión de estudiantes De Hevesy había nacido en 1885 en Hungría,
un territorio que en esa época formaba parte del poderoso Imperio Austrohúngaro.
En 1911, de Hevesy, con 26 años y un doctorado en ciencias, iniciaba su carrera
de investigador.
A fin de perfeccionarse había viajado a Manchester, en el norte de Inglaterra,
para trabajar junto al célebre físico Ernest Rutherford,
quien en 1908 había obtenido el premio Nobel de química por sus
investigaciones sobre los elementos radiactivos.
El laboratorio de Rutherford era uno de los más importantes de
Europa. Allí se estaban haciendo estudios sobre los átomos, la estructura
de la materia y la radiactividad.
En aquellos años, luego de los trabajos pioneros de Marie y
Pierre Curie, la radiactividad era un fenómeno que atrapaba la
atención y el interés de muchos investigadores en diversas partes
del mundo. No obstante, seguía presentando aspectos
misteriosos que era preciso dilucidar, ya que los
científicos intuían que las sustancias radiactivas podían
llegar a tener múltiples e importantes aplicaciones
en tecnología y en medicina.
En Manchester, de Hevesy era un estudiante
viviendo lejos de su país, por eso
pasaba bastantes penurias económicas.
Se alojaba en una pensión
modesta, regenteada por una
patrona extravagante y autoritaria.
Una de las peores características de esa
pensión, y la que más molestaba a de Hevesy, era
el deprimente régimen de comidas que servía la señora
de la casa. Día tras día el menú se repetía, haciéndose
progresivamente más repugnante e incomible.
De Hevesy llegó incluso a sufrir malestares
estomacales en diversas oportunidades, debido al mal
estado de los alimentos que se servían en la pensión.
Nace una idea
De Hevesy comenzó a sospechar que la patrona
reciclaba la carne de las sobras que quedaban
en los platos de los pobres pensionistas.
Para probar su suposición, o hipótesis, de Hevesy
tuvo la ocurrencia de aprovechar las propiedades de las
sustancias radiactivas: que permanecen por mucho tiempo
en los materiales y que se pueden detectar con instrumentos
sencillos y baratos. De Hevesy decidió marcar alguna de las comidas
que le sirvieran con una sustancia radiactiva, para luego
poder seguirle la pista.
Así, de Hevesy llevó a la pensión, a escondidas, una pequeña
cantidad de una sustancia que entonces se conocía como radio-D,
que tomó prestada de los armarios del laboratorio de
Rutherford. Hoy se sabe que el radio-D es una variedad radiactiva del plomo, un
metal de múltiples aplicaciones en la vida cotidiana. Un domingo, durante el almuerzo,
y aprovechando un momento en que la patrona estaba distraída, de Hevesy mezcló el plomo radiactivo con las sobras de su pastel de carne que, a propósito, dejó abandonadas
en su plato. Tres días después, por medio un instrumento muy simple llamado electroscopio de hojitas de oro, de Hevesy detectó que del soufflé servido como plato principal emanaban
radiaciones. De este modo desenmascaró los fraudulentos manejos culinarios
de la dueña de la pensión, que ponían en peligro la salud de los pensionistas.
Ofuscada y culposa, la señora echó inmediatamente a de Hevesy de la casa.
No sabemos si, luego de su partida, la ahorrativa patrona insistió en reciclar las sobras.
Las distintas sustancias radiactivas se diferencian por el tipo de
radiación que emiten los núcleos de sus átomos. Los principales tipos de radiación se conocen con las letras griegas alfa ( ), beta ( ) y gama ( ). La radiación gama es las más
peligrosa para la salud. En general, la alfa no es tan peligrosa; no puede viajar por el aire grandes distancias y además muchos materiales la absorben. La radiación alfa puede ser detenida con papel, vidrio o tela. Por eso, de Hevesy pudo transportar el radio-D (emisor alfa)
en un frasco de vidrio desde el laboratorio hasta la pensión, y luego manipularlo y meterlo en
el guiso sin contaminarse. Sin embargo, la radiación alfa es muy peligrosa si se
ingiere la sustancia emisora. Para preservar la salud de sus compañeros
pensionistas, seguramente de Hevesy puso una cantidad extremadamente pequeña
de marcardor en el guiso y además no permitió que nadie lo comiera
antes de haber rastreado la sustancia.. El aire con menos electrones queda cargado de
electricidad.
El original experimento de de Hevesy, que resolvió en forma sencilla y práctica
el desafío de probar que la patrona preparaba guisos “fantasmagóricos”
reciclando sobras, abrió el camino para introducir este uso de la radiactividad,
por analogía, en otros campos. De Hevesy imaginó que sería posible marcar un material de modo que este emitiera radiaciones y luego emplear aparatos para seguir las transformaciones
que pudiese sufrir el material a través de diferentes procesos.. Entonces, el movimiento de las hojitas de oro es una prueba indirecta de que cerca hay un marcador radiactivo que
emite partículas cargadas. Cuando las hojitas se descargan, vuelven a juntarse. Como al aire le faltan electrones, los toma del electroscopio. Las hojitas de oro del electroscopio tienen electrones de más, por eso están separadas (decimos que se repelen). Los rayos alfa, al viajar por el aire, arrastran los electrones de los átomos de algunos gases
que lo componen. Los rayos alfa son minúsculas partículas con carga eléctrica positiva,
despedidas por los núcleos de los átomos del material radiactivo. El radio-D emite unas radiaciones que se conocen como rayos alfa.
El electroscopio es un instrumento que permite detectar esa electricidad del aire.
¿Cómo hizo de Hevesy para demostrar que el soufflé de la patrona era un guiso
“fantasmagórico” hecho con sobras de “La idea de los días anteriores? de Hevesy,
¿era peligrosa?”
En 1911...
Marie Curie gana el premio Nobel de química por el descubrimiento
del radio, un nuevo metal radiactivo.
Se proclama la República China.
El explorador noruego Roald Amundsen es el primer hombre
en llegar al polo sur.
El arquéologo estadounidense Hiram Bingham encuentra los
restos de la ciudad inca de Machu Picchu, en Perú.
En Argentina, nacen el escritor Ernesto Sabato y el piloto de
carreras Juan Manuel Fangio.
Los marcadores hoy
Desde el invento de de Hevesy, se consiguió evolucionar mucho
en la aplicación de la técnica de los marcadores radiactivos. Cada
vez tenemos mayor variedad de marcadores y mejores instrumentos
de detección, de modo que hoy es posible marcar prácticamente
cualquier proceso natural o de laboratorio, y detectar las pequeñísimas
cantidades de radiación emitidas.
Los marcadores radiactivos se conocen también como trazadores
o rastreadores. Se trata de compuestos que contienen sustancias
radiactivas, ya sea naturales o artificiales. La propiedad que los hace
útiles es que pueden ser seguidos a lo largo de un proceso físico,
químico o biológico debido a que emiten radiaciones.
Los marcadores lanzan algo así como rayos de luz, pero invisibles
al ojo humano; de ese modo dejan una huella (a modo de
rastro) en el trayecto que siguen en un sistema que cambia a lo
largo del tiempo. La marca que deja la radiactividad permanece
por mucho tiempo y se puede detectar su presencia (rastrearla)
con diversos instrumentos.
Por ejemplo, es posible marcar agua introduciendo en ella alguna
sustancia radiactiva (como algún isótopo radiactivo del plomo)
y luego detectar la radiación que esa sustancia va emitiendo al
desplazarse dentro de una planta o de un animal que hubiesen absorbido
o ingerido esa agua.
Los marcadores pueden usarse inlcuso en los seres humanos. Si
a nuestro cuerpo se le inyectan algunas sustancias marcadas radiactivamente
de modo que sean transportadas por la sangre, poco
después puede conocerse a qué parte del cuerpo han ido esas sustancias
y dónde son aprovechadas.
Es así que la técnica de los marcadores radiactivos posee enorme
importancia en medicina, tanto para diagnosticar algunas enfermedades
como también para conocer el funcionamiento del cuerpo sano.
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